La marcha de los silencios

Caminando indeciso,
la cornisa
de un silencio postergado,
se andaba el grito,
en un equilibrio
buscando.
En sus mismas
ganas guardadas,
en sus sigilos
tropezaba,
seguía empujando
como asustado,
aletargado
como casi olvidado.
Un día
lo vieron:
como de pronto,
aburrido de un andar cansado,
todos lo vieron
y hasta lo acompañaron
¡ va a saltar!
¡ cómplices miles
anda buscando!
Y metiéndose
en las ganas
de todos los bolsillos,
enroscándose
las broncas
en los cuellos,
un día de tantos en tantos,
se lo sintió más fuerte,
surgiendo
al borde de la nadería,
lo vieron meterse
en anchas avenidas,
en los simultáneos
campos de nadie
secuestrador de silencios
encontró
al tuyo perdido
y tomándolo
de tu mano
hizo su libertad
con el mío.



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Javier Peñoñori
26 de junio de 2002





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